LA "SANTITOS" MARTINEZ


Mi ciudad natal, se haya enclavada en el hermoso Valle del Mantaro, a 3271 msnm.

Para llegar a ella, partiendo de Lima, hay que ascender primero hasta un punto muy alto: Ticlio (4818 msnm), lugar en el que más de uno –incluida la que escribe- debe, literalmente, verse cara a cara con ese tenue límite que nos separa de la muerte.

¿Exagero? Tal vez. Pero a casi 5000 msnm, algunos somos presa del temido “mal de altura” o “soroche”, cuyos síntomas van desde una baja fuerte de presión, hasta pasar por el amargo trago de devolver todo lo que se lleva en el estómago; además de la horrible sensación de sentir que la vida se nos escapa de las manos… y lo peor es que a algunos sí se les escapó.

A nadie deseo tal padecimiento, pero sí les aseguro que viajar por el ferrocarril más alto del mundo y contemplar el panorama que tal viaje les ofrece y tomada las debidas precauciones médicas, será una experiencia inmemorial.

Pues bien, esa ciudad: Huancayo, y digo su nombre para no ser ingrata con el suelo que me vio nacer, es en la actualidad una ciudad muy próspera.

Años atrás era simplemente una ciudad entre tantas.

En ella hay un gran “mercado –por usar un término accesible, a la moda, al día o como quieran llamarlo- universitario". Es una ciudad con buenas Universidades y un gran número de jóvenes universitarios.

Si hace 50 años Huancayo no descollaba como hoy, esto se debía a que carecía de profesionales, o los tenía muy pocos. Los profesionales con los que el país entonces contaba procedían de otras ciudades más grandes y en ese entonces más importantes.

Allá por los años ’40 del siglo pasado, era muy conocida una Maestra: la “Santitos” Martinez, así la llamaban. Hoy es recordada como un personaje ilustre de la mencionada ciudad.

Pero ¿de dónde le viene a una maestra de escuela estatal – la 511 o “Colegio Sebastián Lorente” que hasta ahora existe y donde siempre es recordada – la fama que hoy tiene?

La respuesta es simple: del legado que dejó.

¿Y qué dejó? Niños tan bien formados, que al crecer fueron el primer grande grupo de profesionales y el inicio hasta hoy ininterrumpido de miles de ellos y que de seguro han contribuido a lo que Huancayo es hoy: la ciudad más importante de la sierra central peruana.

¿Y cómo lo hizo? Otra vez la respuesta es sencilla; como dijimos en al artículo anterior: PUSO CORAZÓN EN LO QUE HACÍA.

Los niños por ella formados en una escuelita estatal, se diferenciaban de los niños de las otras escuelas, porque eran los que mejor caligrafía tenían, y por ese entonces la hacían ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡con tinta líquida y pluma!!!!!!!!!!!!!!!, los que escribían sin errores ortográficos, los que mejor llevaban el uniforme, los que llevaban cuadernos pulcros, impecables y no se hable de la formación moral y religiosa que les impartía, la cual era excelente.

Cuántos ex alumnos suyos, ya mayores y con un título bajo el brazo, sentían la obligación -mezcla de deber y de amor- de irla a visitar, pues sabían que si habían llegado a donde habían llegado se debía en gran parte a la formación que esta Maestra les había dado, con mucha disciplina sí, pero también con mucho cariño, pues ella amaba lo que hacía.

¿Hizo tal Maestra una Maestría? No, en ese entonces era privilegio de muy pocos.

¿Asistió a todas las capacitaciones habidas y a las que estaban por organizarse? Tampoco.

¿Buscó incansablemente aplicar en el aula el último grito de la moda pedagógica exportada de no se qué continente cuya eficacia venía avalada por los excelentes resultados basados en estadísticas sorprendentes que demostraban su efectividad? Menos.

Su tarea fue una sola: EDUCAR.

Su estrategia: AMAR LO QUE HACIA.

Su objetivo: FORMAR INTEGRALMENTE A LAS PERSONAS.

FORMACIÓN HUMANISTA, término incluido por muchos dentro de los arcaicos en una era en la que la vida gira alrededor de una trilogía:

Éxito profesional.

Éxito monetario.

Éxito matrimonial (este último invocando fervorosamente a la suerte, claro).

¿Pretendo con esto ridiculizar o minusvalorar las bondades de la Tecnología, de los MBA o las diversas técnicas didácticas que se ofrecen para todos los gustos, circunstancias y colores? De ninguna manera.

La intención es llana: la calidad de lo que hacemos no viene de los medios, sino de QUIÉN los dirige, y del CÓMO los dirige.

La tecnología es buena, NECESARIA; pero no olvidemos que nosotros debemos manejarla, y no ella a nosotros.

Si nuestro objetivo es LA PERSONA o sea el educando, cualquier medio: desde la ya pasada de moda -en algunos lugares- pizarra verde con tiza, hasta las presentaciones en PPS, es bueno.

Si AMAMOS lo que hacemos, cuanto enseñemos dejará una huella indelebre e imperecedera, aunque ese amor no venga acompañado una Maestría o Doctorado. El amor no necesita de esos añadidos.

Si lo que queremos es EDUCAR, poco cuenta que tan alto sea el legajo que demuestre estar capacitados para ello.

Por tanto: no desdeñemos nada de lo que la era de los clic y de los clac nos ofrece; muy al contrario, sirvámonos de ellos, pues para eso están para servirnos, para que hagamos mejor lo que hacemos, pero no para sustituirnos.

Detrás de ellos debe haber siempre UN CORAZÓN HENCHIDO DE AMOR POR LO QUE HACE.

Para terminar, por tratarse de una mujer el personaje de este artículo y por ser mujer la que escribe, añado:

El hombre es el cerebro;
la mujer el corazón.
El cerebro fabrica luz;
el corazón amor.
(…) El hombre es el águila que vuela;
la mujer es el ruiseñor que canta.
Volar es dominar el espacio;
cantar es conquistar el alma
(Anónimo).

En la humanidad, una causa que tenga el apoyo de la mujer, triunfará; cuando la mujer esté divorciada de esta causa, esa causa sucumbirá” (Juan Vasquez de Mella).

Por esta vez, y con la venia de los lectores varones, siento la obligación moral de terminar con la siguiente exclamación:

¡¡QUE VIVA LA DOCENCIA!!

¡¡ Y QUE VIVAN LAS MUJERES QUE CON EL CORAZÓN LA EJERCEN!!

(Fuente de este artículo: mi Madre, y mi abuelita, quien conoció a la
"Santitos" Martinez)

3 comentarios:

Betty Martinez dijo...

Muchas gracias por los comentarios acerca de mi querida mamita: la Cushpita Martínez, bien dices una gran docente, impartió muchos valores en sus alumnos, que hoy en día todavía la recordaran. Enseñó por 48 años ininterrumpidos, no faltó ni un día a dictar clases, fuí testigo de sus desvelos por hacer bien las cosas y sobretodo con mucho amor.
Dios te bendiga
Betty

R.R dijo...

Qué gusto encontrarme con un pariente de la Santitos Martines, la verdad, desearía saber mucho mas de ella.
Saludos
Rocio

Betty dijo...

Un gran gusto y mucha alegría saber que siguen recordando a mi mamita.
Mi dirección es bettymartinez55@gmail.com
Ojalá podamos contactarnos, tu Blog es muy interesante.
Dios te bendiga
Betty