MAESTRO… TE DESEO…



Víctor Hugo: poeta, dramaturgo y novelista francés (1802-1885) nos ha dejado un legado literario invalorable.

De entre sus muchas obras, tomo como guía para este artículo un poema suyo, titulado: TE DESEO.

Digo “tomo como guía” pues por momentos transcribiré partes de lo dicho en este poema literalmente y en otras añadiré algo mío.

La diferencia la notarán no sólo porque las palabras de Víctor Hugo irán resaltadas en negrita, sino porque Víctor Hugo es VICTOR HUGO y quien desee escribir algo al lado de lo que escribió un genio literario, sabrá lo insignificante que se verá.

Dedico, obviamente, este poema al Maestro (pero también a toda persona que aspire a ser algo más que bueno); por ello empiezo así:

Maestro te deseo primero que ames y que amando también seas amado y que de ser así seas breve en olvidar y que después de olvidar no guardes rencores, pues el rencor te atornilla el alma a un sentimiento que te quita la paz.

Te deseo también que tengas amigos… y que haya uno en quien confiar sin dudar; tener un amigo es como tener un hontanar del que nacen manantiales de dicha y sosiego para el espíritu.

Te deseo que tengas enemigos, ni muchos ni pocos, en la medida exacta ya que generalmente, sin saberlo, te ayudan a ver tus defectos pues las personas que nos son adversas solo tienen ojos para ellos.

Te deseo que seas útil, mas no insustituible porque la gloria a veces nos ciega y nos hace sentir el centro del universo. Y el centro del universo, amigo mío, no hay astrónomo que lo haya descubierto. No vivamos un ensueño.

Igualmente te deseo que seas tolerante, no con los que se equivocan poco, porque eso es fácil, sino con los que se equivocan mucho e irremediablemente, si obras así aprenderás la paciencia y conocerás en la práctica esa maravillosa obra de misericordia: enseñar al que no sabe.

Te deseo que siendo joven no madures demasiado deprisa, y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer, y que siendo viejo no te dediques al desespero. Porque cada edad tiene su placer y su dolor y es necesario dejar que fluyan entre nosotros. Si no aprendemos de cada etapa de la vida, cómo podremos luego guiar a los que vienen detrás de nosotros.

Te deseo además que tengas dinero, porque es necesario ser práctico, y que por lo menos una vez por año, pongas algo de ese dinero frente a ti y digas esto es mío, sólo para que quede claro QUIÉN ES EL DUEÑO DE QUIEN.

Te deseo que no seas encomiado por todas tus acciones, así aprenderás a ser humilde y a gustar de la complacencia que nos brinda la sola satisfacción del bien hecho. Esa dicha vale más que mil elogios.

Te deseo horas dedicadas a labores por las que sabes que no recibirás retribución económica alguna, y que quienes te animen por él con palabras de aliento sean amigos o desconocidos que desde donde están, quizás a kilómetros de distancia y a los cuales jamás has visto y tal vez no verás el rostro, te hagan sentir que lo que haces vale, y que tal vez ese impulso no te venga de los tuyos, pues has de saber que nadie es profeta en su tierra. Si Jesús lo vivió en carne propia, que más da que lo experimentes tú, criatura suya.

Te deseo que te conozcan por ser el maestro dispuesto a ayudar, eso indicará que eres altruista, magnánimo e inmune a la infeliz tendencia de hoy de pensarlo todo en términos monetarios y que conduce a la vil actitud de desdeñar lo que no produce. Al final, dime, quién se fatigó en acumular ¿qué se lleva? Atesora bienes en el alma, a fin de que luego se los lleves enteros a Dios, que es Quien te los ha dado.

Te deseo horas de desvelo, por preparar bien tus clases, luchando contra la negligencia que te impele a dejar sin resolver esto o aquello, esas horas quitadas al sueño serán horas ganadas para tu espíritu abnegado y consecuente.

Te deseo que seas un ansioso e incansable buscador de la verdad, eso te hará sabio, y tu sabiduría te hará resplandecer como una estrella, que servirá no sólo de guía sino que será luz para muchos, sobretodo para tus alumnos.

Te deseo que al perseguir tus ideales sientas la incomprensión quizás de los más cercanos a ti; te aseguro que experimentarás en carne viva lo que es la soledad; pero también sentirás que es de pocos perseguir alguna quimera…y que perteneces a una estirpe… formas raza aparte en la humanidad (Borges).

Te deseo que tumbado por el cansancio puedas ordenar a tus miembros que sigan adelante por el simple hecho de que tú lo ordenas.

Te deseo que sepas ponerte de rodillas ante el Sagrario y ofrezcas a Dios las flores de un deseo para que los cambie por frutos de verdad. Y que tengas la humildad de pedirle te asemejes al Maestro que fue Él.

Si todas estas cosas llegaran a pasar, no tengo más que desearte.

(Al lado derecho encuentrarán una entrada en la que pueden leer el texto completo del poema de Víctor Hugo)

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