INCIDENCIA DE LA TECNOLOGÍA SOBRE EL INTELECTO CUANDO ÉSTA NO ES USADA INTELIGENTEMENTE

La educación ha de buscar el desarrollo completo de la persona, es decir el aspecto intelectual, moral, espiritual y psíquico.

La dimensión intelectual posee varios aspectos, no hay una única forma de trabajar del intelecto, algunas veces éste indaga, en otras relaciona, forma conceptos, etc. ; pero para que estas facetas del intelecto se desarrollen es preciso poner a trabajar la capacidad reflexiva, es decir aquella que observa, se detiene, compara y saca luego conclusiones.

“El factor más importante para adquirir buenos hábitos mentales consiste en la actitud de mantener la conclusión en suspenso y en dominar los diversos métodos para buscar nuevos elementos que corroboren o refuten las primeras sugestiones presentadas. Mantener el estado de duda y llevar delante una investigación sistemática y prolongada: esto es lo esencial del pensamiento reflexivo” (Barrio Maestre).

Por la reflexión el hombre descubre con la mente lo que la realidad oculta a los ojos. Con el predominio y movilidad de la imagen, la capacidad reflexiva es anulada ya que el sujeto ve pasar muchas imágenes sin poder detenerlas para pensar en ellas en su afán de entenderlas. En el caso de la lectura es posible volver a lo leído una y otra vez, meterse en la mente del que ha escrito; la imagen esto no lo permite, ante ella hay que estar mentalmente inerte. Lo ideal sería poder poner stop cada cierto tramo para pensar y tratar de entender.

Por otro lado “la cultura auténtica es verbal –oral y escrita- no icónica. Es verdad que no podríamos pensar con conceptos si éstos no los extrajéramos de las imágenes. Pero propiamente pensamos con ideas, y relacionamos unas con otras. Hoy son muchos los que piensan –o bien creen que lo hacen, no por asociación de ideas sino de imágenes” (Yepes Stork).

La inferencia ha desaparecido en algunos, dejándolos estancados en una edad mental en que la que detrás de la palabra no hay contenidos sino sólo imágenes.

La formación moral, por otro lado, está subordinada al ejemplo. No se trata sólo de hablar de lo que es moralmente recto, sino de vivirlo y demostrarlo con la vida.

La cultura de la imagen impone con despotismo avasallante modelos que distorsionan el sentido de lo moralmente bueno o malo; generando confusión y una moral del día, desconectada por completo de lo perenne, de la tradición; abierta más bien a lo que está en boga y guiada por la practicidad en el actuar, una practicidad que reduce lo bueno a lo legalmente aceptable o a lo gélidamente práctico.

La tecnología, que trabaja sobre los sentidos, en modo particular sobre el sentido de la vista, genera aprendizajes exclusivamente mecánicos que no penetran en el individuo; le permiten desarrollar movimientos que pueden ser luego útiles para ciertas actividades, pero de ninguna manera permiten el desarrollo de los diversos aspectos del intelecto, rebajando el aprendizaje a pura instrucción si es que el que aprende es dejado a su suerte frente a la imagen.

El lance hacia lo Trascendente es difícil, por no decir imposible en una persona habituada a este tipo de aprendizaje y a ese modo de obtener la información.

La memoria es simplemente olvidada en ciertas pedagogías, quitándole el valor que ésta tiene y negándose a entender la razón de su existencia. Si somos capaces de memorizar, es por algo y para algo; lo importante es memorizar significativamente.

El problema radica que la memoria hoy es reemplazada por el CPU, lo que podríamos almacenar en la memoria como fruto de un trabajo de profundización y entendimiento de lo que tenemos delante, lo pasamos al ordenador y lo tomamos de ahí con unos cuantos clics.

La cultura de la imagen da como resultado un sujeto pasivo, al cual la información le entra en abundancia preferentemente por los sentidos y generan en él aprendizajes de tipo motriz por lo general.

La pedagogía deberá ante este panorama activar la pasividad, servirse de la imagen usándola como medio para el verdadero aprendizaje y del aprendizaje instrunctivo deberá pasar al formativo, es decir a aquel que abarca la persona entera tal y como es, sin reducirla a esto o aquello.








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