LOS ASPECTOS DEL SER HUMANO QUE LA CULTURA DE LA IMAGEN OLVIDA

La cultura de la imagen olvida, o quiere olvidar por conveniencia, que sujeto y realidad, son dos entidades indisociables, al hombre sólo se el conoce bien si se tiene en cuenta sus circunstancias reales y concretas, en una palabra: mundo real.

La idiosincrasia de un pueblo, el ambiente familiar, la educación recibida, la nación a la que pertenece, son determinantes cuando se trata de entender a “este” individuo.

Un sujeto substraído de la realidad, termina por ser aquello que la imagen le ofrece, y se encontrará más identificado por realidades virtuales que por realidades concretas.

Tendremos un sujeto, con unas características determinadas que serán las que la imagen le proporcione y esto se puede observar en la pérdida cada vez más creciente de la identidad nacional, somos más sujetos del mundo que seres pertenecientes a una nación, el resultado es una igualdad monótona o un “sujeto igualado”, cuando lo bello es justamente la diversidad, como las variedades de flores en un jardín.

Ahora, la imagen está en movimiento continuo, la novedad es su modo de atraer y mantener al sujeto pendiente de ella; novedad y movimiento se juntas y dan como resultado un sujeto cambiante: sojuzgado al vaivén del mercado, de la moda, de lo que está enboga, etc.

Otro elemento que la cultura de la que hablamos pasa por alto es el hecho de que el hombre es, por sobre cualquier otra reducción, un sujeto pensante.

La imagen no sólo le impide pensar sino que se llega casi a anular esta facultad y por ende la facultad volitiva.

Es así como se fragua un sujeto pasivo, porque la imagen no le da espacio para poner a trabajar aquello que le hace humano: la reflexión, la contemplación, el análisis.

Una pedagogía adecuada será aquella que despierte de ese sopor al sujeto y le ponga a trabajar intelectualmente y le otorgue una personalidad que le afirmen sobre lo que es y sobre lo que quiere ser y le susbstraiga de la tiranía de la imagen.

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