EL ACTO EDUCATIVO

El clima calor-frío  que acompaña y matiza los días, constituyen un dato a considerar en la cotidiana labor educativa. Las circunstancias que la rodean no siempre son ideales. Pero ella se realiza firmemente anclada y enlazada a la realidad de la persona.

Lo ordinario es que esté compuesta de claros (situaciones luminosas, rutilantes y alegres) y oscuros (momentos tristes, desconcertantes y contradictorios) que hacen de la vida un proyecto algo incierto e indeterminado y que su concreción diaria reclama  creatividad, flexibilidad, interpretación y, sobre todo,  opciones y decisiones personales. El maestro ha de estar dotado de la prudencia, esa virtud que  nos hace elegir lo justo, lo adecuado, lo correcto para la situación que tenemos delante.

En la labor del docente no hay días iguales; por tanto, la mera técnica no siempre tiene respuestas singulares. La técnica es una herramienta, el qué tanto sirva para mi ahora docente, depende de la calidez, utilidad y acierto que le  pongamos.

El trato con personas en franco proceso de crecimiento y fomación llega a su cenit en logros porque Dios ha dotado a los maestros de un don especial, el de ser jardineros de almas:  encargados de hacerlas crecer y fructificar.

La condición es que, como el arquero, hay que tener la vista puesta en el objetivo, de modo tal que que cuando dispare acierte en el blanco. Si se afina en la búsqueda del objeto central de la acción educaiva, el propio quehacer se desplegará en todo su esplendor como corolario de un movimiento que nace desde lo más íntimo del docente, que harán del acto educativo más efectivo y eficaz.

La niña indispuesta, el niño distraído, la adolescente melancólica, el joven desmotivado, el profesor cansado, la profesora con el  hijo enfermo, el ambiente adverso, la crisis polítca... etc. son situacines de las que uno no puede sustraerse pero que, sin embargo, confieren un sello radicalmente  humano al acto educativo, pues en él están comprometidas la libertad y la responsabilidad que hacen a la persona capaz de trascender, llenando de humanidad la circuntacia inmediata.

El acto educativo supone autoridad y diálogo por parte del docente, pues, en esta relación          interpersonal de ayuda cuyo vínculo es el afecto expresado,    él apela a la inteligencia del alumno iluminándole el camino y el fin a través de la palabra  y el ejemplo.

Autoridad y amistad, ejemplaridad y diálogo, contribuyen decisivamente a que el educando actúe con autonomía sustentada en la capacidad de pensar y obrar con criterios propios.

EN RESUMIDAS CUENTAS EL ACTO EDUCATIVO ES EL ACTUAR DE UN DOCENTE QUE BUSCA CONDUCIR AL EDUCANDO A SU MEJORA EN UN AMBIENTE FAVORABLE O NO, LUMINOSO O NO, LO IMPORTANTE ES SABER SIEMPRE DAR EN EL BLANCO.

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