LA MEJOR VERSIÓN DE MI HIJO

Los padres anhelamos que nuestros hijos sean exitosos en la vida, y tras ese objetivo les exigimos responder eficientemente a los retos académicos y sociales que se les presentan. ¿No será que nuestra misión es formarlos para ser -en primer lugar- buenas personas, capaces de salir adelante autónomamente y con responsabilidad para hacer las cosas bien y en beneficio de los demás?

Por Tatiana Coello

Para el doctor César Bazán Saavedra, la mejor versión de un hijo es producto del esfuerzo constante y concertado de toda la familia, especialmente del ejemplo de los padres. Sin una pareja de esposos que dé testimonio de amor y respeto, así como de consecuencia en su manera de educar a los hijos, poco se podrá lograr ya que los hijos valoran las demostraciones de afecto de sus padres. Y es por eso que responden con cariño, aprenden a respetarlos observando su modo de vida y aceptan obedecer sus indicaciones merced a que entienden que estas responden al interés de papá y mamá por verlo realizado y feliz. Es así que la familia se convierte para el hijo en un remanso de tranquilidad y acogida donde puede hallar afecto, pertenencia y responsabilidad.

¿Cuál es la importancia de la familia en la formación de mejores personas?

La familia es fundamental. Lo dicen los obispos en Aparecida: “La familia ha sido y es escuela de Fe, palestra de valores humanos y cívicos, hogar en el que la vida humana nace y se acoge generosa y responsablemente… es insustituible apara la seguridad personal y para la educación de los hijos”’, porque es allí donde recibimos amor para luego darlo.

¿Qué es más importante, formar buenos profesionales o buenas personas?

Lo principal es ser mejores personas y para ello hay que dar una formación sólida a nuestros hijos. El éxito social y profesional viene por añadidura. Los padres, que son los responsables del proyecto de familia, tienen que proveer a los hijos de un hogar en el que reine la tranquilidad, el amor, el orden establecido y el respeto a la opinión de los hijos. Al ejercer su papel adecuadamente los padres, como los maestros, se revisten de una autoridad (‘augeo’ en latín es ‘hacer crecer’) dirigida a hacer que los hijos florezcan.

¿De qué manera el apego a la familia protege a los hijos?

Vivimos en un mundo complicado donde la familia es el escudo que nos protege contra los vicios, el consumismo y los medios de comunicación banalizados. Pero para conseguir que esto funcione así tenemos que dedicar calidad y cantidad de tiempo a la familia. Es cierto que estamos obligados a trabajar más para poder darles más a nuestros hijos, pero habría que ver qué priorizamos: lo material o el acompañamiento. Además, la modernidad nos da herramientas de comunicación para estar cerca de nuestros seres queridos, como un mensaje, una llamada telefónica, un mail para decirle a los hijos y a la esposa que la queremos.

¿Qué nos dice del ejemplo que deben dar los padres?

Las estadísticas señalan que los chicos hacen el 10% de lo que decimos y el 90% lo que hacemos. Es el ejemplo el que arrastra y convence. Los hijos observan el empeño de los padres al educarloS y saben responder. No hay que caer en ese fenómeno que hoy existe de la ‘hijolatría’ en que creemos que tenemos que darles todo a los hijos para demostrarles que los adoramos y que si en algún momento usamos un ‘no’ y el hijo insiste, este límite puede derribarse.

Eso pasa generalmente entre los padres que están ausentes y se equivocan al tratar de compensar de ese modo…

No solo pasa cuando están ausentes, a veces están en casa pero dejan que los hijos hagan lo que les da la gana. Los padres deben estar presentes con alma, vida y corazón. Y eso significa ser perseverantes al establecer un orden donde todos sepan las reglas con las que la familia juega y se manejen de acuerdo a ellas. No hay que pretender ser amigos o cómplices de los hijos porque se termina siendo tan solo ‘arrugados compañeros de juego’. Los padres pueden tener una actitud cercana, amistosa, comprensiva, pero desde la función de padre o madre.

¿Qué debemos esperar de nuestros hijos?

Los padres podemos tener expectativas altas para los hijos pero debemos mostrar una exigencia amorosa y motivadora para que ellos se habitúen al trabajo y a las responsabilidades. Nuestra tarea es formar ciudadanos serios, responsables que sepan convivir, ser agradecidos y tener una buena autoestima. Todo esto se hace posible cuando se fortalece la fe y se engrosa la libreta de ahorros emocional de los hijos con demostraciones de afecto. Esto es como un ancla que les ayuda a sentirse suficientemente fuertes como para poder enfrentar las tempestades de la vida.

¿Cuáles son las principales herramientas que debemos ofrecer a nuestros hijos?

En primer lugar, fortalecer su inteligencia espiritual para ayudarles a conocer su conexión con lo trascendente y puedan actuar respondiendo a sus valores y no a los instintos. También, formar su conciencia espiritual, su conciencia ecológica y su conciencia social.

Se requiere trabajar sus habilidades sociales para que desarrollen la capacidad de evaluar las situaciones de peligro y conozcan cómo protegerse. Darles la suficiente confianza para que acudan a padres y profesores a denunciar los abusos. Debemos promover que los hijos sean autónomos y apoyarlos con una pedagogía de acompañamiento.

Carguemos la mochila de la vida de nuestros hijos con herramientas para vivir y enseñémosles a ser autónomos, a saber pensar y decidir. Asegurémosles una libreta emocional para que les provea seguridad. A la par, demostrémosles que hay que transitar por la vida haciendo el bien y sirviendo a los demás para que logremos el verdadero éxito que siempre es interior.

(Artículo publicando en revista Antesala, mes de mayo, cortesía del Dr. César Bazán)




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