CONVERSAR, UNA VERDADERA DESTREZA

"Con-versar" equivale a versar juntos sobre un mismo tema, asunto o argumento. La conversación -el diálogo- es de dos, o más; pero juntos y sobre una misma cosa. Si hay dos o más hablando de cosas distintas ya no estamos en una conversación ni en un diálogo, sino quizá en una olla de grillos.

En estos tiempos que corren suele suceder que o reúnes o te reúnen. La reunión es un deber frecuente. Y esto es muy bueno cuando de veras la reunión es lo que su nombre parece indicar: "re-unir", unir de nuevo -es de suponer- que para estar más unidos que antes. No siempre, sin embargo, se incrementa la unidad en las reuniones, incluso las pensadas para estrechar vínculos, enriquecer ideas, comprender un poco más a los otros, cooperar al bien común de la sociedad.

John Locke en su "Ensayo sobre el entendimiento humano" presenta la siguiente anécdota: En una reunión de médicos ingleses muy eruditos se discutió durante largo tiempo si en el sistema nervioso fluye algún "liquor". Las opiniones divergían, se pusieron los argumentos más diversos y parecía imposible de todo punto llegar a un consenso. Entonces Locke pidió la palabra y preguntó si todos sabían con exactitud lo que entendían por la palabra "liquor". La primera impresión fue de sorpresa: ninguno de los asistentes creía no saber en detalle lo que se estaba debatiendo y tomaron la pregunta de Locke casi por frívola. Pero al fin se aceptó la propuesta, se entretuvieron en fijar la definición del término, y pronto cayeron en la cuenta de que el debate había pasado a versar sobre el significado de la palabra. Unos entendían por "liquor" un líquido real (como agua o sangre) y por esto negaban que en los nervios fluyera algo así. Otros interpretaban la palabra en el sentido de fluido (de una energía, cosa parecida a la electricidad) y en consecuencia estaban convencidos de que por los nervios fluye un "liquor". Se explicaron las dos definiciones, convinieron en elegir la segunda y en breve tiempo finalizó el debate con un acuerdo unánime.

Paul Watzlawick recuerda la técnica de Anatol Raport para solucionar problemas: en caso de conflicto, en vez de que cada partido dé su propia definición del problema, el partido "A" debe exponer de un modo exacto y detallado la opinión del partido "B", hasta que éste (B) acepte la exposición y la declare correcta. Después, el partido "B" ha de definir la opinión de "A" de un modo que resulte satisfactorio a éste (A). Dice Watzlawick que aplicando esta técnica sucede no pocas veces que una de las dos partes en litigio diga asombrada a la otra: "Nunca hubiese pensado que usted pensara que yo pienso así".

El método quizá parezca lento. Pero ¿es más eficaz discutir sin saber exactamente cuál es el objeto del que se está hablando? ¿No convendría reimplantar los antiguos estudios de Dialéctica, en el sentido clásico de la palabra, como arte de discurrir o argumentar correctamente?

Quizá sea verdadero todavía el diagnóstico de Eugenio d"Ors: "la más grande limitación de la gente hispana estriba en algo vergonzoso, en algo que es, por definición, un vicio de esclavo: en la incapacidad específica para el ejercicio de la amistad". A ella se le añade un corolario -que de la misma enfermedad se deriva- y que llama "una suerte de trágica ineptitud para el diálogo".

Vale la pena no arrojar la toalla y cultivar sin desmayos "el santo diálogo, hijo de las nupcias de la inteligencia con la cordialidad". Es muy util a la hora de examinarnos sobre qué tan bien conversamos, examinarnos siguiendo los puntos del  "Decálogo para todo dialogante":

I. Escucha a todos, sobre todas las cosas.



II. Honrarás la educación que has recibido.



III. No desearás atropellar la palabra de tu prójimo



IV. No te acalorarás.



V. No equivocarás.



VI. No pronunciarás palabras agresivas.



VII. No desearás tu monólogo frente al prójimo.



VIII.Celebrarás la inteligencia de los demás.



IX. No dialogarás en vano.



X. Vence en el diálogo, pero convence.

Cuán pedagógico sería el enseñar a los alumnos a conversar y a aprender nosotros mismo este arte, sería útil tal vez aplicar la tecnica de Anatol Raport, pero lo importante es que aprendamos a conversar, una conversación bien hecha puede ser de mucho fruto para la educación, enseñar a conversar es enseñar a ser cordiales y quien es cordial puede muy fácilmente interactuar con los demás de modo claro y sincero y hacer brotar la amistad. 

Pongámonos el reto de aprender esto que  puede ser llamado una verdadera destreza: LA CONVERSACIÓN.

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