VALORES POR LO QUE SON EN SI

Habíamos dicho en el artículo anterior que el valor es aquello que percibimos como bueno y que debe promoverse en primer lugar en mí, en los que me rodean  y en la sociedad.

Otra cosa que dejamos por sentada es el hecho de que no todos estamos capacitados para percibir los valores; hay quienes tienen tanto interés porque las cosas sean de un determinado modo que toman como valor lo que realmente no lo es.

Ahora bien, la percepción de algo como bueno no debe quedar en puro sentimentalismo: "yo siento que esto es bueno y por ello lo deseo..." Se precisa educar para los valores a fin de que estos no queden a merced de gustos y colores.

A la percepción de algo como bueno debe seguir la labor intelectual de tratar de entender el porqué de lo valioso de este o tal gesto, para que quede claro a la mente y por ende    a la voluntad de que tal valor es bueno y que por tanto ha de ser cultivado.

Sin embargo existen valores que dependen de la apreciación del sujeto, de ellos hablaremos en otra entrega; pero hay valores que son lo que son independientemente de si el sujeto los considere como tales. Puede ser que el valor honestidad no esté muy de moda sobre todo en el ámbito politico, pero no por ello la corrupción seguirá siendo una lacra para la socieadad y la honestidad un valor guardado en el baúl de los recuerdos. 

La aparición del valor y su reconcimiento exige la apreciación del sujeto, no ocurre así con su existencia, lo que da lugar a la    concepcion DEL VALOR EN SÍ, independiente del sujeto.

Educar para los valores por tanto, es educar a una apertura a la verdad, lo que implica humildad y honradez.

No sólo debe educar la razón para saber qué es   el valor, sino también el corazón para apreciarlo y respetarlo en su identidad sin supeditarlo a gustos e intereses.

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