VALORES Y VIRTUDES

En anteriores presentaciones habíamos dicho, hablando de los valores, que el valor es aquello que percibimos como bueno, sin que medie entre el valor y yo ningún interés.

Habíamos dicho también que educar en valores es educar en la sensibilidad para percibirlos, para entenderlos, para buscarlos y promoverlos, primero en mí mismo y luego en los demás (entorno cercano, sociedad entera).

Pues bien, ahora veremos la relación de los valores con la virtud, palabra hoy poco usada, pero que sin embargo resulta  indispensable si de educación de valores hablamos.

La palabra virtud deriva del latín fuerza (vir), palabra de la cual también deriva la palabra virilidad, que según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es lo relativo a viril, es decir a aquella fortaleza que se supone, debe caracterizar al sexo masculino pero que a la vez está muy presente, a veces en medidas admirables en el sexo femenino en las cuales muchas veces hay más virilidad (sin que ello vaya en detrimento de su femineidad, pues virilidad no es sinónimo de masculinidad) para encarar las dificultades, soportar los dolores físicos y salir adelante sola. 

Pues bien virtud indica fuerza, una fuerza que nos impele a obrar en modo natural en una determinada dirección. Ahora bien, la espontaneidad en el obrar hacia aquí o hacia allá se llama hábito.

Si el hábito nos conduce a un obrar espontáneo y ligero hacia el mal, se llama vicio; si nos conduce al bien obrar se llama virtud.

Por tanto la virtud es un hábito bueno que inclina  a la apreciación, aceptación y realización de bien.

En relación a los valores la virtud es indispensable por el simple hecho de que cómo podría una persona entender y buscar la reponsabilidad por ejemplo, si no tiene en sí la fuerza interior para buscarla.

La virtud entonces representa un valor indispensable, el fundamental diría yo; el valor sin el cual no  pueden darse los otros valores.

Por tanto educar en valores es educar, primera y fundamentalmente, en la virtud. Para alcanzar la virtud es preciso la repetición de actos buenos consciente y libremente.

No podemos decir que educamos en la solidaridad, si decimos a los niños que deben ayudar a los hermanos de tal zona  devastada por un reciente terremoto, eso es bueno; pero para que  ellos sean solidarios es preciso que la practiquen  día a día, con los más cercanos, en su hogar, con sus amigos.

Pero para que haya en ellos esa fuerza que les empuje a ser constantes en una determinada conducta es preciso que ya estén failiarizados con la virtud; es decir es preciso que ya estén familiarizados con el esfuerzo de lograr que una conducta buena cale en ellos formando en su interior como una segunda naturaleza que les encamine espontánea y suavemente siempre hacia el bien.

Por tanto educar en valores es educar fundamentalmente en el valor primordial que  es el de la virtud. O sea en el valor de saber esforzarse sin pausas en buscar siempre el bien y de dirigirse a él en vuelo raudo y feliz.

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