LA CULTULECTURA II

En una ocasión, en el usual receso que se suele dar entre una ponencia y otra en los  Congresos, una docente que estaba participando en él hizo este comentario respecto a  la ponente que acababa de concluir la primera parte de su exposición: “ha  pasado por la Universidad pero parece que la universidad no ha pasado por ella”.


De la persona culta o de aquella que consideramos tal por los títulos que ostenta, se espera un bagaje variado de conocimiento pero también una calidad humana que le merezca verdaderamente el titulo de culto.

Decíamos que la cultura -como saber- se forja a golpe de dedicación, de empeño, de esfuerzo, que debe involucrar a la persona entera en todas sus dimensiones.

Si cultura es cultivo, cultura es cultivo del saber pero también es cultivo de los aspectos de la persona que la hacen tal y la diferencian de los  seres no racionales.

Culto no es solo el que sabe, sino que culto es el que sabe desenvolverse como persona en todo momento: al hablar, al escribir, al socializar, al ocuparse de su cuidado personal, etc.

Es decir, culto es el que ha sabido cultivarse a sí mismo, pero antes ha tenido que reconocer su dignidad.

Cultura y dignidad personal van de la mano. Ambas se atraen mutuamente. Una persona conocedora de su dignidad procurará hacerse de un bagaje de saber a la altura de sí; del mismo modo: una persona verdaderamente culta procurará que todo su ser irradie esa cultura de la que se ha hecho poseedora, de tal modo que no haya escisión entre saber y ser, aspectos que el verdadero culto sabe fusionar perfectamente; y esto porque  cuánto más sabemos sobre algo más nos asombramos de nosotros, seres racionales, capaces de conocer ilimitadamente, y al conocer esta posibilidad sin confines, barruntamos la grandeza de aquello que somos y un sentimiento de respeto hacia nosotros mismos brota espontáneo, que hace que nos demos el trato que merecemos y nos presentemos a los demás con el porte y     los modales que también ellos se merecen.

Un saber que no repercuta en la persona es el saber del instruido, en el que no ha intervenido  plenamente la persona, es el saber del que ha aprendido por destacar, por palabrear, por aparentar, por estar al día, por un sinfín de motivos muy  ajenos al saber mismo, y el saber tiene la peculiar nota de que si no lo buscamos por lo que él es, se queda en la cabeza y no abrasa la persona entera.

Es preciso que el saber entre a la cabeza y llegue el corazón y a partir de allí se expanda por la persona entera transformándola.

Una lectura hecha solo por informarnos no  es buena lectura.

Una lectura hecha por que tenemos que hacerla no es buena lectura.

Una lectura hecha por saber más que el otro no es buena lectura.

Una lectura que debemos hacer nosotros y se la delegamos a otro a cambio de algo, es infravalorarnos.

Un título obtenido no a golpe de estudio sino como resultado de artilugios que ven el fin y no los medios, es un delito.

Es buena la  lectura que se realiza  por el simple hecho de amar el saber, si no llegamos a esto ni seremos buenos lectores ni llegaremos a ser cultileidos.

No permitamos que nuestra mirada pase por los libros, hagamos que los libros -los buenos- pasen por nosotros, sólo entonces seremos cultileídos a carta cabal.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece interesante conocer este documento, breve y explicito y sin duda m ayuda en en este proceso de convertir en una PERSONA CULTA!

Anónimo dijo...

He leído con atención el documento, me ha parecido excelente y cierto no es lector competente el que lee muchos libros, lector competente es el lee entre líneas, atrás de líneas, desarrolla la intertextualidad y además crea o recrea sus propios textos. De igual manera el hecho de acumular muchos títulos universitarios no es garantía de ser profesional competente. "culto"