EDUCAR PARA EL A MOR: EL AMOR ESPONSAL


En la entrega anterior hablábamos de la amistad y de la naturaleza de ésta. Pero como estos artículos están direccionados a hablar del amor entre hombre y mujer, es preciso dar un paso más en el camino de subida y llegar a la cúspide: el amor esponsal.

La amistad tiene la característica de unir a dos personas pero no las compromete a estar una al lado de otra. El amigo es libre de tomar decisiones, aunque esas decisiones deban alejarlo de los amigos a quienes estima.

En el amor esponsal -el de los esposos- hay una unión. El amor esponsal es unitivo, rompe con la lógica de que 1+1=2, pues éste crea un nueva fórmula 1+1=1.

Se crea una dualidad de uno o una unidad de dos. El esposo/a queda unido al otro/a de tal modo que su YO se ensancha para formar un NOSOTROS. Deja de usar -por decirlo de algún modo- el yo, la primera persona singular, para usar desde el momento en que se une por amor a otra persona, la primera persona plural.

Este tipo de unión no puede estar fundada en la simple pasión, la cual es propia del enamoramiento. En esta primera etapa prima mucho el sentimiento, la pasión, pero ambos tienen la característica de ser fugaces:

El amor es llama corta, que con la brisa se apaga,
el amor es la premisa que debemos aprender
pues aunque tenga calor, el amor no es pasión....

Si bien el amor tiene una enorme carga sentimental, no ese allí donde radica, sino mas bien en la voluntad, en el deseo de compartir la vida con esta persona, pase lo que pase.

La pasión, o el sentimiento dura lo que tenga que durar, tal vez un par de años, tal vez dos años más, pero el fin de la pasión, no es indicativo de la desaparición del amor. Esto es algo que el joven debe tener claro hoy cuando tantos consejos se dan par mantener viva la pasión en el matrimonio.

De hecho algo de pasión debe haber siempre, los esposos en el fondo deben ser   eternos enamorados, pero fundar el matrimonio en la pasión es fundarla sobre arenas movedizas que terminan engullendolo y dejándolo sin más alternativa que optar por la ruptura.

Amar al otro/a es fundamentalmente vivir para él/ella, concretamente hacerlo feliz, darle gusto siempre, aunque al hacerlo se sacrifique algo, es más, es preciso sacrificar algo: tal vez un partido de fútbol cuando ella quiera ir de compras, tal vez las compras cuando él quiera ver su fútbol. Lo importante es la disponibilidad recíproca de darse gusto.

Quien se casa creyendo que la felicidad es algo que acaece como por arte magia, no está preparado para el verdadero amor.

Quien se casa pensando que es el otro/a quien debe hacerlo feliz, no está preparado para el verdadero amor.

Quien se casa para ver cuánto dura el amor, tampoco lo está.

Cuando un muchacho/a está enamorado, desea que dure para siempre. Desea que el amor no acabe. Es un anhelo que brota de la naturaleza misma del amor. Pero no es algo que suceda sin la colaboración constante de ambos, es más si ambos no cooperan ese amor nace desde ya con fecha de vencimiento.

Pero para que el joven esté preparado al verdadero amor ha de estar adecuadamente formado para ello. Por ello se habla de una preparación remota al matrimonio, que es justamente la educación que se recibe en casa. Una educación basada en el respeto al otro, en la generosidad, en la solidaridad, en la responsabilidad, en el dominio de sí, en la constancia, etc. Un sinnúmero de valores que aprendidos en el hogar y reforzados en la escuela lo encaminan a que luego pueda practicar el amor verdadero.

Al lado de estas reflexiones qué ridícula parece la llamada educación sexual que en lugar de formar personas responsables para enfrentar con madurez la delicada tarea del amor, que culminará en la formación de una familia, núcleo de toda sociedad; rebaja sin darnos cuenta la dignidad de las mismas reduciéndolas a un amasijo de placeres que deben ser incentivados de manera que se disfruten al máximo y sin ningún compromiso adicional.

La grandeza de la persona radica en las decisiones que toma y en la forma como persevera en ellas aún cuando tenga el score en contra. 

Sólo cuando una decisión echa raíces profundas en la mutua decisión de mantener vivo el amor aun a costa de la negación de sí mismo, es cuando el amor crece y da fruto, cual árbol frondoso. 

La mala hierba nunca echa raíces, así como crece, perece el primer embate.

Una educación sexual reducida al aspecto sexual , está orientada por una visión reducida del amor, en cierto modo hasta por una visión  muy zafia de esta. Abramos esta educación e introduzcamos en ella otros elementos, como por ejemplo los señalados en este artículo, entonces pasaremos de una educación sexual a una educación para el amor, a una educación integral, a una educación más acorde a la dignidad de quienes la van a  recibir y los jóvenes se lo van a agradecer, lo digo por propia experiencia. 

Halando de estos temas he visto miradas juveniles profundas, como adentrándose en una realidad que de repente les desplegaba un paisaje más bello y atractivo que respondía a lo que en el fondo de sus corazones anhelaban. Y cuántas veces, culminada la charla, hube de escuchar con sentida satisfacción: háblenos más de eso....

Auguro que a quienes traten estos temas con la seriedad que éstos ameritan, les suceda lo mismo.





1 comentario:

Anónimo dijo...

Que sociedad fuesemos sin amistad?. estoy de acuerdo que el primer y principal y quizas Ùnico peldaÑo para alcanzar el verdadero amor, es la amistad. Esa amista que te obliga ser tÙ en el otro y el otro en tÌ, entendiÈndose que se trata de pareja heterosexual. No puede existir amor entre sexos iguales, en ellos existe una profunda amista. Ademas, del amor nacen los otros seres. los maestros debemos tender con nuestros estudiantes al cultivo de la amistad, con el apyo de la pedagogÌa de la ternura, como dice cusianovich.