LA OBSERVACIÓN Y EL DIALOGO

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La educación, sin lugar a dudas, va desarrollándose cada vez más. el flujo de términos técnicos se ha incrementado, lo cual obliga a capacitarse con ahínco e ilusión para poder estar al día y ser competente. Sin embargo, el flujo de la terminología científico-técnica puede ser de tal magnitud que su tránsito por el camino de la enseñanza-aprendizaje ocasione un embotellamiento que impida ver al actor verdadero: el alumno. Los ismos en educación no son buenos compañeros: el pedagogismo, el psicologismo, el cientificismo,etc. terminan por distanciarnos del fin educativo propiamente dicho.

Hay dos conceptos que echamos en falta por su poca presencia: la observación y el diálogo. Quizá porque más que conceptos son actitudes que deben formar parte del patrimonio. Pero su presencia puede servir para lograr un gran cometido: conocer al alumno. Y cuando realmente se le conoce ¡qué fácil es aplicar la técnica que se acompase mejor con sus características personales! Alguna vez escuché de la boca de un maestro colombiano que el gran reto que tiene que responder la educación del futuro es el trato personal con el alumno. No es nada fácil pero es la garantía para conseguir frutos verdaderos y permanentes. 

La docencia la ejercen espíritus libre que invitan al diálogo también a espíritus libres. Esta relación se ejerce en tanto se ponen en contacto dos interioridades ubicada en planos evolutivos distintos, en las que ambas dan y reciben. Lo que se da y se recibe es siempre un don que emerge de lo más propio y genuino que tiene el ser humano. En este orden de cosas, lo fundamental no es lo externo situacional sino el encuentro personal que gracias  a la apertura y acogida navega seguro ya sea en agua turbias o movidas.

Lo importante por tanto no es qué tanto sepamos o actualizamos estemos, sin negar que el estarlo es indispensable: no obstante tanto saber no debe distraernos del aspecto donal esencial en la labor docente: la entrega de nuestra persona a otra, el alumno; al cual hemos de procurar conocer, esa es nuestra primera tarea, conocerle  individualmente, conocerle  como hombre o mujer, conocerle según la etapa de desarrollo en la que se encuentre. Esto requiere entrega, amoroso cuidado, como dice el título de este artículo exige OBSERVACIÓN Y DIALOGO. El  hortelano  observa el desarrollo de sus flores a fin de tratarlas adecuadamente y no matarlas, algo así ha de ser la labor docente, éste ha de tener algo de hortelano, de padre o madre y de amigo. Si no perdemos esto de vista el alumno sentirá con nuestra enseñanza y sobre todo con el modo de ejercerla que alguien le llama por sobre el hombro y volverá la vista para descubrir nuevos panoramas a los cuales está llamado y a los cuales se dirigirá sin titubear. El cariño y el trato respetuoso hacia él habrá logrado esto.

Tenemos en  las manos un tesoro precioso, no lo echemos a perder.

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