DESPERTANDO EL INTERÉS EN EL ALUMNO

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El interés es un actitud del ánimo.  En él el intelecto se siente atraído por algún objeto sensible. Como decía Kant se llama interés a la complacencia que unimos a la representación de la existencia de un objeto, por ello para este mismo filósofo querer algo y complacerse en su existencia y en consecuencia tomarse interés en ello son idénticos; ahora bien el interés no es algo que afecte sólo a la voluntad o al intelecto, involucra a todo el hombre. Cabe señalar que el hombre se interesa por aquello que de antemano conoce y que ha suscitado en él una previa complacencia.

Por otro lado, interesarnos por algo es querer conocerlo más. El diccionario de la Real Academia de la Lengua española define interés como la afición, o el afecto hacia una persona o cosa; mientras que para afecto usa las voces de inclinaciónpropensión a alguna cosa, amor, cariño, etc.

El deseo en cambio lo define como un enérgico movimiento de la voluntad, equiparándolo al interés.

Llegados a este punto podemos dar una definición más amplia de interés como un enérgico movimiento de la persona toda hacia aquello a lo cual se siente afectuosamente unida y de lo cual, en consecuencia, quiere saber más.

La pregunta  a hacerse como docentes es la siguiente: cómo despertar el interés en los alumnos. 

Me parece que la respuesta se halla en dos frases: en el qué enseñamos y en el cómo lo enseñamos.

El qué señala lo que al alumno interese.

El cómo en cambio se despliega en una abanico de posibilidades:

  • Cómo enseñamos aquello que les interesa a fin de que les interese más.
  • Cómo enseñamos aquello que no les interesa a fin de que les comience a  interesar.
  • Cómo despertamos en ellos el interés por el saber  en general.
Ello requiere de nuestra parte un buen manejo  de la didáctica, un buen conocimiento de la materia que nos toca impartir, una vasta cultura general y una enorme dosis de entusiasmo por nuestra labor docente, para que el alumno vea que saber y alegría representa un binomio posible de darse.



1 comentario:

delfin eduardo león román dijo...

Me parece que para motivar a al guien a aprender debe existir primero la necesidad de hacerlo. En balde se esforzará el docente en enseñar si el alumno no siente la necesidad de aprender.Aunque , bien es cierto el buen educador debe despertar esa necesidad de saber. Para que sea cierto lo que decía el eximio pensador y educador de América,Don Andrés Bello: Mi cerebro tiene más necesidad de alimento que mi estómago. Cura ut valeas.