LA ESTUDIOSIDAD ¿QUÉ ES?

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La estudiosidad “se nos presenta como una virtud moral que modera el apetito de conocer la verdad”.

Dicho en otras palabras, la estudiosidad nos modera el apetito de conocer, ordenándolo. 

La estudiosidad deriva de la virtud de la templanza, que modera la tendencia instintiva a los deseos y placeres. Por ser seres racionales tendemos naturalmente al conocimiento y debemos ordenar el ansia excesiva de saber para evitar caer en la soberbia y en la superficialidad. Es decir, debemos buscar el término medio. No es bueno buscar demasiado conocimiento, querer saberlo todo. Tampoco es bueno tratar de conocer y comprender todo porque nuestra mente es limitada, pero es conveniente que utilicemos y desarrollemos nuestro intelecto y nuestros talentos. La estudiosidad tiene que ver con la seriedad que implica el estudiar un tema, conocerlo en profundidad hasta llegar a la verdad.

Lo que importa es el espíritu con que usemos nuestro intelecto. Si aprendemos para saber y hacer el bien estará ordenado. Si lo hacemos para independizarnos de la ética y de la moral ya no será virtud, el trabajo y el conocimiento acumulado. 

Nuestra alma aspira naturalmente a conocer todas las cosas, pero la moderación del deseo de saber es la virtud de la estudiosidad. Esta moderación tendrá dos ámbitos: el fin que buscamos al estudiar y el modo en que lo hacemos. En cuanto al fin si lo que nosotros buscamos es saber y conocer la Verdad y lo que Ella ilumina, la estudiosidad nos ayudará a evitar los errores intelectuales y filosóficos, rechazándolos. En cuanto al modo, seremos perseverantes. La estudiosidad nos estimulará en ir para adelante. Ni abandonaremos los estudios por pereza, ni nos desbocaremos con total independencia de la ética y la moral por soberbia.

La estudiosidad necesita de ciertas condiciones:

En primer lugar del silencio. Es necesario y casi imprescindible generar un clima de silencio para el trabajo intelectual. 

En segundo lugar la estudiosidad necesita recogimiento

La concentración: De la misma manera que la lupa concentra tanto el calor de un haz de luz que llega hasta a prender fuego, la inteligencia y la voluntad deben concentrarse en el estudio para dar fruto y evitar dispersarse.

La lectura: La lectura es el medio universal de aprender. Gracias a los libros nos llegan los conocimientos y el pensamiento de todas las generaciones anteriores. En la actualidad, los libros han sido desplazados casi en su totalidad por internet. Pero internet sirve para investigar, no para aprender. Para aprender se necesita un maestro delante de uno que nos pueda explicar las inquietudes que surgen. Tampoco es bueno ni leer de todo, ni demasiado. Hay que leer lo bueno, eligiendo las lecturas, seleccionando los grandes maestros que siguieron la línea de la verdad, y profundizando en los conceptos para aprender. 

La memoria: Si bien el “memorismo” no es recomendable, la memoria es una potencia del alma mediante la cual se retiene y se recuerda lo aprendido. Se la puede ayudar con la memoria escrita (para no sobrecargarla, por ej. con organizadores mentales).

La profundización. El examinar un tema hasta su raíz para comprenderlo mejor es necesario para tener solidez en nuestro conocimiento. No obstante, tenemos que temer al exceso de especialización por el riesgo de perder la visión de conjunto. 

Una dosis de acción. El peligro de una ciencia sin una cuota de acción es que pierda el sentido de la realidad. El pensamiento debe apoyarse en los hechos como los pies se apoyan en el suelo. 

Escribir. Si uno tiene condiciones, vale la pena escribir para dejar escrito a otros los frutos de nuestros trabajos y conclusiones. Es muy importante publicar. Lo escrito, escrito está y puede conservarse durante siglos, mientras que las palabras puede erosionarlas el tiempo.

Los vicios contra la estudiosidad son la negligencia (por defecto), y la curiosidad (por exceso).

La negligencia. La pereza (o la ignorancia culpable en no aprender) dependerá de nuestra responsabilidad en saber. Muchas veces podemos pasar horas frente a los libros sin que por ello aprendamos algo. El conocimiento no entra por ósmosis. Si no ponemos nuestra voluntad de aprender y nuestra atención, todo puede servirnos para distraernos: el teléfono, el timbre, la mosca que vuela o el sol que atraviesa la ventana. Para saber hace falta estudiar, aunque todo en la actualidad nos transmita que todos podemos hablar de cualquier tema. Hoy en día la “docta incultura” permite que cualquiera se sienta habilitado para tratar de los temas que corresponderían a un experto. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

muy útil la informacion
me ayudo a hacer mi tarea de fisica sobre que es el valor de la estudiosidad
muchas gracias
fue la informacion necesaria