LA EDUCACIÓN DEL DESEO

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Debemos reconocer que vivimos en una sociedad en la que el deseo es espoleado día a día. 

Esto se debe al hecho de que nuestra sociedad se mueve alrededor de dos conceptos:relativismo y utilitarismo. Ambos sitúan sus coordenadas según las modas, el momento, el consenso, la utilidad, etc. 

En este contexto la educación debe saber educar el deseo, en otras palabras debe forjar personalidades que no sean monigotes de su entorno. 

Se debe aclarar que no todo deseo es malo, ellos son los motores de nuestra vida: inventan, sugieren, apuestan, espolean, nos hacen saltar, nos trasladan con la imaginación hacia zonas psicológicamente fructíferas.

Se ha de empezar por trabajar la personalidad: conocerse mejor a uno mismo, saber las aptitudes y limitaciones, tener claros unos principios esenciales  de la existencia humana. Es de este modo que se va forjando la persona a fin de que no sea un fantoche.

Se reciben influencias  muy diversas, pero lo importante es asimilar las mejores, aquellas que nos educan. 

Es indispensable en el actual contexto educativo el ayudar a ver a los demás  personas no como cosas;sino como  seres humanos a los que debemos dignidad, no como adversarios a los que hay que ganar. 

Tal visión, sin embargo, empieza por uno mismo, y esto se logra si se  presenta a los educandos una proyecto de vida en la que que los valores principales no consisten en ganar mucho dinero, ni en ser muy famoso, ni tampoco en acumular cosas, títulos  o propiedades. 

Se ha de educar guiados por un proyecto alimentado por la ética y el amor, por la búsqueda del trato humano con los demás y el salir de uno mismo hacia el otro.

Por otro lado, debemos aclarar, que no se trata de negar los deseos en forma absoluta, de lo que aquí hablamos es de seleccionarlos, encauzarlos, espigarlos mejor y desdeñar los peores, es el camino correcto, aunque este equilibrio sea a su vez inestable pues  requiere pericia para mantenerse en él, autocontrol y saber a qué atenerse.

Respecto a las personas diría que la fórmula es no cosificarlos, y respecto a las cosas pensar si lo que deseo es realmente necesario.

El educar la voluntad es aquí decisivo: saber qué querer y saber cómo decir no a lo que no debemos querer, troquelando y puliendo los matices, rincones y recovecos de la intimidad.

La felicidad es una conquista de objetivos, que nos mejoran como personas. Conquista que es lucha, esfuerzo, pelea contra uno mismo y las adversidades, pero teniendo claro a dónde  nos dirigimos y cuál es la meta. No es un nirvana, que quede claro, es educar para desear lo que vale, lo que nos hace crecer como personas.

Bien dice el poema respecto a la búsqueda de bienes instrascendentes:

De triunfadores despojos revestido, soñé que de mi carro rubicundo tiraba César con Pompeyo  uncido.
Despertóme el estruendo furibundo, solté la risa y dije en mi sentido: ASÍ PASAN LAS GLORIAS DE ESTE MUNDO
(Manuel de Zequeira y Arangues)


Así pasan, entonces ¿para que atenerse a ellas?




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