EL DOCENTE TRANSMISOR DE SABIDURÍA

Blogalaxia Aunque sabiduría suene como una palabra algo arcaica, no por ello ha perdido su vigencia: conocimiento, información, saber, son palabras que se le asemejan tanto como  la noche al día.

La palabra sabiduría proviene del latín sapere que es la misma raíz de las palabras saber y sabor, por tanto el sabio es aquel que tiene conocimiento pero que a la vez saborea lo que sabe.

La tarea de un maestro no es sencillamente comunicar información o proporcionar capacitación en unas habilidades orientadas al beneficio económico de la sociedad; la educación no es y nunca debe considerarse como algo meramente utilitario. Se trata de la formación de la persona humana, preparándola para vivir en plenitud.

Transmitir sabiduría significa transmitir aquellos saberes que sirven para la vida, para una buena vida buena (y conste que no digo buena vida, expresión con una connotación mas bien hedonista). Vida buena es una vida conforme a los valores humanos terrenos y trascendentes, y sobre todo estos últimos. El carpe diem es una farsa que sumerge a muchos, especialmente a los jóvenes, en una vorágine de placeres que tratan de disfrutar al máximo, bajo el lema de que sólo se vive una vez.

Es un deber invitar a los alumnos a que no se conformen  con ser de segunda fila, a que no persigan una meta limitada ignorando las demás. 

Tener dinero posibilita ser generoso y hacer el bien en el mundo, pero, por sí mismo, no es suficiente para ser felices. Estar altamente cualificado en determinada actividad o profesión es bueno, pero esto no  llenará de satisfacción a menos que aspiremos a algo más grande aún. Llegar a la fama, no nos hace felices. La felicidad es algo que todos quieren, pero una de las mayores tragedias de este mundo es que muchísima gente jamás la encuentra, porque la busca en los lugares equivocados. La clave para esto es muy sencilla: la verdadera felicidad se encuentra  no en los valore caducos sino en los Absolutos, que no acaban. 

Debemos enseñar a tener el  valor de poner las esperanzas en las cosas de Arriba, no en el dinero, la carrera, el éxito mundano o en nuestras relaciones personales. Sólo así se  pueden satisfacer las necesidades más profundas de nuestro corazón.

Está por demás decir que para que los alumnos no se queden en un conformismo adormecedor, han de tener delante docentes que como fuego arrasador  consuma en ellos, con su ejemplo y deleite  por lo que saben y son, todo vestigio de resignación y los anime a fijarse vallas altas en la vida. 

Sólo así estaremos dando mucho más que simple conocimiento.

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