ENTENDIENDO ALGUNOS VALORES: LA EUTRAPELIA Y LA ALEGRÍA

La virtud de rarísimo nombre,  la eutrapelia tiene por objeto regular según el recto orden de la razón, los juegos y diversiones. 

La eutrapelia tiene que ver con el reposo, el juego, la diversión. La vida del hombre no es concebible sin descansos, distracciones, tertulias. Por algo los antiguos calificaron al ser humano como homo ludens, hombre que juega, o también homo ridens, hombre que ríe. Pues bien la eutrapelia es la virtud que rige esos momentos de esparcimiento. 

El hombre tiene la experiencia del cansancio, sintiendo necesidad de reposo, de distracción. El descanso del cuerpo lo obtiene suspendiendo el ejercicio corporal; la mente, en cambio, encuentra su solaz en la “diversión” (diversio = apartamiento) de la atención hacia objetos agradables, distintos de los que integran su trabajo habitual.

Así como la fatiga corporal se repone por el descanso orgánico, también la fatiga espiritual se restaura por el reposo espiritual. Sabiendo, pues, que el reposo del espíritu se halla en el placer, debemos buscar un placer apropiado que alivie en la tensión del espíritu. 

Lo que los antiguos llamaban el ocio (otium) era algo noble. Al ocio se lo consideraba como una suerte de recogimiento espiritual, de re - concentración del hombre en lo más íntimo y profundo de su ser; de ahí su relación con la fiesta, con el culto y con el descanso dominical.

Hoy el ocio no es plenitud de riqueza sino vacío interior, que se lo rellena con ruido, ya que el hombre moderno no es capaz de soportar el tiempo libre y el silencio. La televisión ha asumido dicha función: cubrir el vacío del hombre “di- vertiéndolo”, es decir, quitándole lo poco que le queda de vida interior, e incitándolo a la disipación y dispersión de sus facultades”.

De ahí concluimos que “la eutrapelia es la virtud del que “gira bien,del que sabe ubicarse como conviene al momento, una virtud aristocrática, propia de quien posee agilidad espiritual, por la que es capaz de “volverse” fácilmente a las cosas bellas, joviales y recreativas, sin lastimar por ello la elegancia espiritual del movimiento, sin perder la debida seriedad y su rectitud moral”.  

Teniendo esto siempre presente debemos evitar entonces recrearnos con actividades torpes, vulgares y ordinarias que nos degradan como personas,  o perder la compostura que nos recuerda nuestra condición de seres humanos.

La alegría proviene del espíritu y la fortaleza con que encaramos la vida y sus contradicciones. Pensamos que el hecho de estar alegres se debe a vivir una sucesión de acontecimientos positivos en nuestras vidas que nos generan ese estado, pero la alegría genuina se construye cada día desde dentro. La fuente más profunda de alegría es el amor, el saberse amado por Dios.  Es Él quien restaurará todas mis heridas y la esperanza cristiana nos enseña que existe un más allá en donde seremos eternamente felices porque en esta tierra estamos de paso.

La sana alegría será entonces el resumen que se exteriorizará en nuestro modo de ser, fruto de otras virtudes interiores. Es muy fácil apreciar o diferenciar a una persona alegre, pero tratar de serlo, si no lo somos, ya no es tan simple. Y dicho sea de paso, la expresión genuina de la alegría es la sonrisa, un rostro iluminado, no la carcajada histérica.

Es en la familia en donde se debe aprender a vivir alegres compartiendo lo que se tiene o sobrellevando mejor lo que se carece. Si llegamos enojados, no saludamos a nadie y nos encerramos en nuestra habitación dando un portazo sin compartir nada de lo nuestro con ninguno de la familia no podremos decir que estaremos contribuyendo a generar un clima de alegría.

No es lo mismo ser alegre que hacer ruido, o generar el alboroto mundano que puede ser una forma de aturdirnos del vacío interior que sentimos. Para vivir alegres debemos empezar por ser agradecidos por todo lo que tenemos, ser sencillos, no desear ni vivir, añorando grandes cosas que no necesitamos para vivir, hacer el bien, ser solidarios con el prójimo,

Hay momentos para reír y divertirse porque requieren festejo. Hay otros que exigirán atención de nuestra parte porque son importantes, y hay momentos que requieren seriedad porque son graves. La virtud estará en comportarse como corresponde y de acuerdo a cada uno.

Ni hoscos ni libertinos, lo necesario en cada momento y en la medida medida. Esto que bien viene para los excesos de fines de semana a los que los jóvenes cada vez más y más se  arrojan como un animalillo a quien le han quitado la atadura, para salir del desenfreno menos humano que antes. 

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