LA DULZURA

Alguien dijo alguna vez que una gota de miel puede hacer lo que no hace  un tonel de vinagre, decía esto obviamente hablando de la dulzura. 


Para educar a los pequeños, hablo de los más pequeños de los pequeños, de los que en Perú se les matricula en el  pre-kinder o sea los pequeñitos que oscilan entre los dos o tres años, es espontáneo buscar una profesora y no un profesor; es más, para educar a estos chiquitines a las universidades postulan más mujeres que hombres. Por ello el que sean mujeres los que eduquen en los jardines de infancia no es una cuestión de discriminación sino una actitud natural. Blogalaxia

Si uno se pone a pensar en el porqué de esto, la respuesta es sencilla, la mujer tiene un don natural que en el hombre si se da es menor, es el don de la dulzura. Tal vez lo tengan por ser madres, o porque su naturaleza está hecha para serlo, pero el hecho es que lo poseen.


Pero qué es la dulzura: es una de las llamadas pequeñas virtudes que contribuyen a que nuestro trato y convivencia sea amable, afable y delicado hacia los demás, virtud que también debemos aplicárnosla  a nosotros mismos. 


Esta pequeña virtud en la convivencia se agiganta porque el trato se suaviza enormemente. Si así sucede en el trato entre personas mayores, qué sera en el trato de pequeñas cuyas almas han de ser tratadas suavemente a fin de que no se desmoronen dejando en ellos heridas que perdurarán, en la mayoría de los casos, para toda la vida.


Esta virtud en la mujer, y hablo en concreto en la mujer docente, en la docente de primaria, se trasluce en el trato hacia los pequeños, en el tono que sabe ponerle a la voz, cuyo tenor es semejante al que el niño ha escuchado durante nueve meses mientras estaba en el vientre materno y seguirá oyendo toda la vida. 


Es ese sonido amable el que ha arrullado al niño y el que necesita, aunque parezca contradictorio, para ser luego fuerte en la vida. 


Dulzura ahora, cuando son más vulnerables a fin de que la vida no los encuentre desprevenidos cuando ella empiece a dar sus primeros golpes.


García Lorca comparaba la dulzura con la mañana, con un tranquilo amanecer: hay dulzura infantil en la mañana quieta.




Bien decía San Juan Busco, educador de educadores: 


La dulzura en el hablar, en el obrar, en el reprender lo gana todo y a todos.

Que gane en los pequeños seguridad, autoestima, y confianza en la vida, para que luego  ésta  no les halle desprevenidos.



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