LA PERSONA MADURA

Una persona madura se mide por el el grado de amplitud del Yo, de aquello que se considera como parte de la propia vida, o vinculado profundamente a uno mismo, es lo que el sujeto integra a su vida,  haciéndolo  suyo, si no es así nos encontramos ante una persona inmadura, egocéntrico, carente de la capacidad de pensar en otros que no sean él mismo.

La capacidad de introducir personas y actividades dentro de la propia yoidad, considerándolo como algo propio, y extendiendo por tanto el sí mismo al mundo exterior de las personas y las cosas, es considerado como un signo claro de madurez.

La capacidad de planeamiento de la propia vida, teniendo una dirección para la misma y unos objetos inteligentes y elaborados para el futuro. Las personas maduras saben qué se proponen hacer en la vida.

Una persona que puede emocionalmente relacionarse con otras es aquella que es capaz de dar afecto y de recibirlo. Dichas relaciones cumplen una serie de condiciones: tener afecto sin ejercer dominio del otro, procurando especialmente el bien y el desarrollo de aquél. La persona busca más dar que recibir.

Otro aspecto a destacar es el conocimiento propio. Conociéndose es muy fácil o al menos más fácil, emprender las tareas con objetividad. Comprender el mundo personal propio y mantener un cierto equilibrio en el mismo es de suma importancia para un comportamiento estable. El propio conocimiento y la estabilidad de las emociones colaboran para lograr una concepción  realista del mundo.

Esta serie de cualidades se las reconoce por el sentido del humor, como la capacidad de reírse en cierta manera de uno mismo, de saber encontrar lo cómico aún en la propia conducta.

Una persona madura no sólo tiene unos objetivos  que orientan su vida, tiene también  una base teórica para organizar la realidad y en cuyo interior puede encontrar explicación a su finalidad y a  lo que le rodea. La congruencia en las acciones sólo es posible con un sostén racional. Es lo que se ha definido filosofia de vida, esta filosofía muchas veces tendrá un soporte religioso, otras será más filosófico o científico, y en ocasiones será consecuencia del sentido común y la experiencia de la vida.

Sin embargo en resumidas cuentas todo gira alrededor de la inteligencia. La acción del hombre no es humana si no es comprendida; y no es madura si no está bajo la apreciación y dirección adecuada de una inteligencia que ha comprendido a cabalidad su papel y ha profundizado en la realidad personal y en la del mundo. Es decir una personalidad madura da a la inteligencia su papel central  y deja que ésta sea la que oriente su actividad.

Por otro lado está la voluntad, que sabe inclinarse bien al bien que la inteligencia le muestra y tener la fuerza suficiente para controlar toda la persona hacia el logro de la meta propuesta.

En lo que se refiere a las tendencias, en la persona madura destacan las tendencias transitivas sobra las tendencias del yo.

En cuanto a  los sentimientos, predominan lo trascendente, es decir la capacidad de amar a los demás que se concreta en una felicidad originada por la entrega y la satisfacción de la tarea cumplida.

Capta los valores que el individuo maduro debe poseer, fruto de una apreciación oportuna de los mismos.

En suma madurez significa orden de valores, tanto en su faceta sentimental como en su apreciación y sus objetivos, es decir, en su logro.

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