LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD

BlogalaxiaSoy responsable porque hay voces que me piden, otras que me encargan y yo poseo la capacidad de cumplir con ellas.


La necesidad se hace patente como un impulso que quiere satisfacción, que reclama  su sosiego, estas necesidades tienen sus propias leyes y depende de nosotros el que sean satisfechas o no.

Junto a esas apariciones llenas de fuerza que reclaman, están las consecuencias de nuestro actuar detectadas primeramente por nuestros sentimientos y confirmados por la inteligencia. Cuando el hombre quiere erigirse como dueño supremo de su vida  y llevarla  por cualquier  sendero sin reconocer ninguno como  obligado, como naturalmente debido, se encuentra con el fracaso estrepitoso de una vida insatisfecha, pues esas tendencias llegan a apropiarse de la voluntad del hombre de tal modo que llega un momento en que no es él el que manda en sí, sino ellas.

La felicidad, la paz, la alegría, etc. son una continua muestra de que hay una manera en que se debe ser y otra en que no. son el resultado de haber seguido lo debido y no lo que imperiosamente nos pedían los sentidos.

Junto a este idioma involuntario -tan exigente- de una responsabilidad personal para nosotros mismos, está el razonamiento de nuestra inteligencia que nos dice lo que debemos y lo que no debemos seguir como señalábamos al inicio.

Sin embargo, si el hombre sigue o no su razón que le dicta por donde ir, en realidad ese hombre al seguir este u otro camino cree seguir aquel que le hace bien.

Deseamos ser felices y, a veces, pensamos que lo conseguiremos haciendo lo que nos viene en gana. Sin embargo, tropezamos con la luminosa experiencia de que sólo podremos conseguir esa felicidad  por un camino concreto, a veces  no querido; pero si somos consecuentes, tendremos que aceptar que realmente nos lleva por donde deseamos.

El hombre puede sin embargo, escoger estas o cualquier otra y aceptar los medios preparados o despreciarlos, para eso tiene, sin duda  libertad. Pero lo que no está es sus manos son las consecuencias de esos caminos, y cada uno le dará según la fidelidad o no a su deber ser.

La libertad estaría así más que en la posibilidad de escoger una meta u otra, en el ser dueño para tomar de entre ellas la debida decisión; en no caminar por ella necesariamente sino queriéndola, por una decisión personal y en el uso del imperio que sobre nosotros tenemos.

Hoy el hombre se conduce por un concepto muy errado de libertad, hay quien ha dicho que además de la estatua de la libertad hubiese sido preciso poner al otro extremo otra, de la responsabilidad, pues cada acto hecho con libertad conlleva una responsabilidad, por ello es preciso saber elegir bien.