ENSEÑANZA DE LAS COSAS CONTEMPLADAS

Blogalaxia Al escuchar con alguna frecuencia que la docencia es un apostolado, intentamos entenderla a través de la explicación de un casual interlocutor. No pocas veces el tenor de la respuesta predica un estilo de vida franciscana, de renuncia extrema a toda retribución material. Otras veces, las explicaciones  incuban un estado de resignación ante la pesada carga que significa ser docente. En todos los casos, se echa en falta un enfoque profesional de la educación. cuyos deberes y derechos son iguales a cualquier otra actividad laboral.

En lo único que puede coincidir el docente con el apóstol es que ambos basan su eficacia en la entrega y en la transmisión de las cosas contempladas. Transmitir es una acción  transitiva, que significa trasladar, transferir  algo hacia otro. La fuerza y contundencia radica en el cómo  y en qué se transmite. Transmisión, en su aceptación derivada de la mecánica  -según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española- es un conjunto de mecanismo que comunican el movimiento de un cuerpo a otro, alterando generalmente su velocidad, su sentido o forma. Extrapolando dicho significado al quehacer docente se puede afirmar que lo que comunico algún tipo de movimiento en el alumno son aquellas ideas o pensamientos previamente contemplados y expresados en palabras pro el profesor.

Contemplar es poner atención en una cosa material o espiritual, es considerar, descubrir, reflexionar, pensar y meditar acerca de la realidad inmediata de las situaciones que se experimenta o se observa y de la información obtenida, para encontrar y darles sentido exquisitamente personal y por ello inédito. La contemplación riñe con la mera repetición mecánica de contenidos o indicaciones; más bien, añade un especial valor a lo que el profesor comunica como consecuencia del diálogo que establece con la materia que enseña, lo cual determina que su transmisión tenga fuerza, sea viva por estar plena de referencias  originales, de demostraciones particulares y de encuentros afectivos, todo lo cual excita significativamente la inteligencia y el querer del alumno. Entregar las cosas contempladas despierta en los otros esa expectativa y esa emoción que se apodera del espíritu ante el estreno, la novedad y la sorpresa. Ante esta realidad ¿se puede dudar  de la  eficacia de la acción educativa? Más aún, si se descubre el fundamento de un valor y se enlaza con la propia vida, no solamente se entrega la novedad de la palabra sino también la novedad del ejemplo.

No hay comentarios: