EL NIÑO Y LA PUBLICIDAD TELEVISIVA

BlogalaxiaExisten tres aspectos de especial interés en el análisis de la influencia de la publicidad televisiva sobre el niño:
a) En primer lugar, consideraremos la influencia sobre los valores y aspiraciones de los niños, que es el más decisivo,  pero también el más difícil de demostrar empíricamente. Tanto la intuición como los sondeos comparativos entre niños de distintas épocas, muestran que los niños actuales tienen como objetivo “ganar dinero”, en mucha mayor medida que los del pasado, como señala la investigación realizada por la Universidad de California comparando los niños de los años sesenta con los de los noventa. Sin embargo, esta constatación es el fruto de un conjunto de fuerzas, y a lo sumo puede decirse que la publicidad es una más entre las variables que propician el ascenso del materialismo (entiéndase: visión materialista de la vida), primero en  los niños y luego en los adultos.

b) Se puede considerar, además, otro efecto global: la rápida inculcación de valores adultos en los niños, tanto en los productos como en las escenificaciones publicitarias; por ejemplo, cada vez es más frecuente presentar relaciones infantiles que invitan implícitamente a la precocidad sexual. Este proceso se suma a la resultante de la prolongada percepción televisiva de programas de adultos, que acaba produciendo inexorablemente un adelanto de la edad a la que acaba la ingenuidad de los niños.

c) Un tercer efecto global sería la uniformización de los gustos infantiles a escala mundial. No parece que se trate sino de un capítulo más de la progresiva uniformización en todos los niveles de edad, pero que 
en los niños resulta más fácil de conseguir por su facilidad de ser moldeados. Las razones de este fenómeno deben buscarse en las estrategias de márketing mundial.

Los juicios de los niños mayores, por su parte, tienden a conservar un mayor grado de independencia ante la publicidad, presentando una mayor semejanza con los adultos
El tercer elemento relativo a los efectos globales de la publicidad sobre el niño hace referencia a su respuesta de compra. El principal estudio para el caso español es el del profesor José Manuel Esteve, que avala la extrema influencia de la publicidad, aunque limitada al caso de los juguetes (Esteve, 1983). Utilizó una ingeniosa metodología consistente en computar los pedidos realizados por los niños en las “cartas a los reyes magos” (2.029 cartas estudiadas) y correlacionar ese cómputo con el volumen de publicidad aparecido en televisión. Se encontró una correlación elevadísima (95%), lo que demuestra que las preferencias de los niños mantienen una relación directa con las marcas de juguetes que gozan en televisión de mayor presencia y mayor presupuesto.

De todos modos, existe un matiz importante, y es que, aunque se de esa estrecha relación entre publicidad y demanda, otro factor decisivo es la probabilidad real que tiene el niño de hacerse con el objeto deseado. La mayoría de las investigaciones  muestran que los niños suelen ajustar sus peticiones a las posibilidades de obtener el juguete que desea, lo que explica que, junto a la publicidad, existan dos variables fundamentales de demanda: la edad de los niños y los ingresos paternos: el niño de mayor edad tiende a comprender mejor cuáles de sus demandas podrán ser atendidas, en función del nivel adquisitivo de su familia, aunque es inevitable que existan niños caprichosos ajenos a este tipo de consideraciones.

Ante este panorama es exigente la intervención del docente a fin de enseñar al niño a ser un TELEVIDENTE CRÍTICO, llevando al aula de clase ejemplos concretos de lo que ve en TV para confrontarlo con los valores que en la escuela aprende.

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